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amor, siendo.
Dos días después copió su poema en una hoja de papel, Añorando ya este verano que veo, sabiendo que esta primera verdad entre tanto se había convertido en mentira, porque no siente la menor añoranza, sólo un sueño sin fin, hoy escribiría otros versos.
Entró en A Brasileira para descansar un poco las piernas, tomó un café, oyó hablar a unos que debían de ser literatos, echaban pestes de alguien, persona o animal, Es una bestia, y como esta conversación se cruzaba con otra, se entrometió a renglón seguido.
Se levanta de la butaca, va a encender la luz y, como si fuera de mañana y despertara de un sueño nocturno, se mira en el espejo, se palpa la cara, tal vez debiera afeitarse para la cena, al menos sí se cambiará de ropa.Encogidos de hombros bajo la lluvia monótona, llevan bolsas y maletas, y muestran el aire perdido de quien vivió el viaje como un sueño de imágenes fluidas, entre mar y cielo, el metrónomo de proa subiendo y bajando, el balanceo de la ola, el horizonte.Mientras Salvador atiende a otros huéspedes, uno que se va mañana temprano y quiere la cuenta, otro que se queja de no poder dormir con el traqueteo de una persiana cuando da el viento, a todos atiende Salvador con sus modales delicados, el diente sucio.Pasaban pocos automóviles, muy raros tranvías, algún peatón que cerraba desconfiado el paraguas, a lo largo de las aceras grandes charcos formados por el atasco de las cloacas, puerta con puerta algunas tabernas abiertas, lóbregas, las luces viscosas cercadas de sombra, la imagen taciturna.No vino, no preguntó, de nada sirvió que Ricardo Reis la hubiera besado sin que lo perturbara el fuego de los sentidos, quizá pensó que con ese beso la estaba comprando, si es que tales reflexiones pueden ocurrírsele a gente de baja condición, como.Los camareros, Felipe, Ramón, hay un tercero, pero ése es portugués de Guarda, andan alborozados, nerviosos, ellos que ya tanto habían visto en la vida, no es la primera vez que sirven a unos compatriotas, pero aun así, en tal número y por tales razones.



Pero, volviendo a nuestro nido paterno, ya no es sólo el que se sucedan las listas de voluntarios para la Mocidade Portuguesa, sino que también se cuentan por millares los inscritos en la Legión Portuguesa, que este nombre tendrá, y es el subsecretario de Corporaciones.
Los viejos continuaban sentados en el mismo banco.
Fernando Pessoa, o eso a lo que da tal nombre, sombra, espíritu, fantasma, juegos en linea casino 888 para descargar gratis pero que habla, oye, comprende, sólo que ya no sabe leer, Fernando Pessoa aparece de vez en cuando para decir una ironía, sonreír benévolo, y luego se va, no valía la pena.
La penumbra del cuarto se ha ido espesando, alguna nube negra estará atravesando el cielo un oscurísimo nimbo como serían los convocados para el diluvio, los muebles caen en súbito sueño.
Dejó la ventana abierta, abrió la otra, y, en mangas de camisa, refrescado y con súbito vigor, empezó a abrir las maletas, lo ordenó todo en menos de media hora, pasó su contenido a los muebles, a los cajones de la cómoda, los zapatos.Parece que ha escampado definitivamente.Por la acera de enfrente baja ahora otro policía, éste no tiene que ocultarse, se comporta como un simple paseante que va a la suya, o no, es un ciudadano pacífico que regresa a casa, vive en este edificio, pero no ha golpeado con.No son todavía las diez, el tiempo pasa lento, el año viejo aguanta.Y aunque vamos a destiempo, siempre valió la pena, sea el alma grande o pequeña, como más o menos dijo el otro, y ése fue el caso del Negus, a quien Inglaterra tributó un imponente recibimiento popular, bien cierto es el refrán que dice,.Discretamente, Ricardo Reis se aparta, deja apaciguados a los viejos, y tan absortos en el dramático misterio que ni cuenta se dan de la retirada.Sin duda, pero dispensable a partir de la satisfacción de esa necesidad, tan dispensable que podría morir a continuación, como el zángano o la mantis, Usted les tiene tanto miedo a las mujeres como les tenía yo, Puede que más aún, No ha vuelto.El conductor miró por el retrovisor, creyó que el pasajero no había oído, y abría ya la boca para repetir Para dónde, pero llegó primero la respuesta, aún irresoluta, suspensiva, A un hotel, Cuál, No sé, y en cuanto dijo No sé, supo el viajero.


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